A fines del siglo XVIII, la obesidad alrededor del mundo era muy escasa, y llamaba tanto la atención, que en lugares como en Inglaterra se conocen casos como el de Daniel Lambert (1770 - 1809) que llegó a pesar 335 kg, en los que la gente pagaba por verlo, pues su aspecto físico se escapaba de lo común y además era querido por todos. Otro ejemplo del impacto que generaba mirar a una persona con obesidad, es que en el siglo XIX los afectados eran parte de espectáculos circenses, junto con personas con extrema delgadez.


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